Las emisiones globales de CO2 han aumentado de 5 gigatoneladas (Gt) a 37 Gt al año durante el último siglo, de las cuales el sector de la construcción es responsable de aproximadamente el 37 %. La Tierra y los océanos solo pueden absorber 19 Gt de CO2 al año, lo que corresponde al presupuesto global de carbono disponible. Y gastamos el doble de lo que tenemos.
El objetivo vinculante de neutralidad climática de la UE para 2050 exige que las emisiones se reduzcan en un 55 % para 2030 y en un 92 % para 2050. Si el presupuesto de carbono limitara el número de viviendas que podemos construir, como lo ha hecho hasta ahora el presupuesto financiero, ¿qué habría que hacer para reducir estos valores en el diseño arquitectónico?
En las Islas Baleares se ha desarrollado colectivamente un ejemplo que consiste en configurar la habitabilidad basándose en el «mapa de recursos locales», que incluye muchos factores, como los sociales (conocimientos y tradiciones constructivas, tipologías, habilidades, mano de obra disponible, etc.), los atmosféricos (sol, lluvia, viento, etc.) o los materiales locales bajos en carbono que constituyen la arquitectura vernácula, el patrimonio cultural y el paisaje de cada territorio. Además de los materiales derivados de la optimización de los procesos industriales, como la minería urbana.